Todo lo que debes saber acerca de tu tipo de piel

La piel es el órgano más extenso de nuestro cuerpo, ya que puede llegar a medir hasta dos metros cuadrados en toda su extensión. Entre sus principales funciones se encuentra la de proteger al organismo del exterior, por lo que es de vital importancia prestar atención a su cuidado. Lo primero que hay que saber es el tipo de piel que tenemos, ya que los cuidados van a variar dependiendo de este aspecto.

Tipos de piel

A nivel general, podemos distinguir cuatro tipos de piel diferentes: normal, seca, grasa, mixta. Los cuidados que deberemos llevar a cabo van a variar según el tipo de piel que tengamos.

Piel grasa: la piel grasa es aquella que tiene tendencia a producir más sebo del necesario: un conjunto de sustancias específicas producidas por las glándulas sebáceas para que ejerzan como una capa protectora de la epidermis frente a las posibles infecciones externas. Entre sus principales características, cabe distinguir los poros de gran tamaño o la piel brillante. A diferencia del otro tipo de pieles, las limpiezas de las pieles grasas deben ser hechas en profundidad para evitar la acumulación de sebo: puedes hacer dos limpiezas diarias, por la mañana y a última hora de la noche. En lo que respecta a los productos de cuidado facial, es importante elegirlos sin alcohol para que no se produzca el “efecto rebote”: que nuestra piel produzca más sebo.

-Piel normal: es un tipo de piel que se encuentra en “equilibrio”: posee una secreción sebácea suficiente para mantenerse hidratada, por lo que no está seca ni grasa, es elástica, suave y los poros de la piel apenas son visibles. Aunque este tipo de piel es la más equilibrada, no hay que olvidarse de exfoliarla y nutrirla diariamente.

-Piel mixta: la piel mixta es la que más cuidados requiere, ya que combina dos tipos de piel completamente opuestos en un mismo cuerpo: grasa y seca o normal. Las zonas de la frente, la nariz y la barbilla, popularmente conocida como la zona de la T, presentan características de la piel grasa, las cuales pueden tender a la deshidratación (piel seca) o al equilibrio (piel normal). Debido a lo aquí explicado, la rutina de limpieza e hidratación de este tipo de pieles es compleja: la parte de la T necesita que la limpies con más regularidad, ya que es la parte grasa; mientras que las zonas que no forman parte de esta zona, no deben ser limpiadas tan a menudo y necesitan una dosis extra de hidratación.

Piel seca: es aquella cuya capacidad para retener la humedad es inferior a lo que debiera. Sus principales características son: carencia de luminosidad, poros pequeños y una piel enrojecida que puede llegar, incluso, a descamarse y agrietarse. A la hora de cuidarla hay que evitar los productos que contengan alcohol, evitar ambientes de temperaturas extremas, beber abundante cantidad de agua y emplear productos de limpieza suaves, que no sean excesivamente agresivos con la piel.

En todos los casos es muy importante beber la suficiente cantidad de agua, seguir una rutina diaria de limpieza, exfoliar, como máximo, una vez a la semana y desmaquillarse todos los días. Aparte de esto, en pieles secas y mixtas, las cuales requieren una hidratación extra, podemos emplear cremas hidratantes como la gama de Frezyderm, cuya fórmula ha sido creada, específicamente, para tratar de forma eficaz cualquier tipo de piel sin que se produzca irritación.

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